Esta mañana ha entrado en la cafetería una señora en bata y camisón. Será que soy un poco especial pero, es que no me lo podía creer.
Entró sin complejos, como si la cafetería fuera el salón de su casa y nuestros clientes, simples figuritas de porcelana en las estanterías. Bata de flores, camisón por la rodilla y zapatillas peludas. Pelo al viento, como peinado en un enchufe de alto voltaje, mal teñido en varios colores.
Pidió un café sin na, como los llamo yo; descafeinado, corto de café, leche sin lactosa y sacarina. Vamos, nada de nada.
Admiro su desparpajo, el cuajo de demostró ante las miradas de la multitud allí congregada, como si bajar así a la calle fuera lo más habitual del mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario