lunes, 10 de febrero de 2014

El hombre de la corbata de rayas

   Cada día, a las 8,12 horas, viene un hombre con una corbata de rayas. Viste de traje y una gabardina oscura; su corbata siempre es de rayas, aunque cambie el color. Pide un café americano, largo, por favor y espera por él, entretenido en los cordones de sus zapatos.
   Tiene semblante serio, triste diría yo, como si no le gustase su trabajo y, acudir cada día a él, fuera algo indeseable. Ronda los 50 años y parece encadenado a una vida que no desea, como si las rayas de su corbata mantuvieran bien atadas sus ilusiones.

   Cada mañana, unos dos minutos después de las 8,12 h, se da media vuelta y sale por la puerta con su café en la mano, arrastrando los pies. Se va rumbo a ese destino que odia pero del cual no puede quejarse; tiene un trabajo, qué más da que lo aliene? Supongo que el hecho de no poder quejarse lo hace aún peor.

   Cada mañana espero al hombre de la corbata a rayas, con la esperanza de que ya haya podido liberarse de su tristeza y luzca, con desparpajo, lunares en su corbata.



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